Por Paula Hernández
Para algunas personas, el camino del vino empieza gracias a una pulsión. La botella que alguien trae a la mesa sin premeditación se convierte en la mecha que enciende la llama de la curiosidad.
A partir de ahí, casi sin darte cuenta, empiezas a buscar historias dentro de cada copa. Y si existe alguien capaz de encontrarlas con precisión sabuesa esa es Laura S. Lara. Periodista, catadora y exploradora incansable de proyectos vinícolas con alma y una auténtica wine jefa.
En esta charla aparecen mentores generosos, bodegueros que enseñan más en una sobremesa que en muchos manuales y una conexión especial con La Gomera, un lugar especial que es también una forma de vida.
¿Recuerdas el momento exacto en el que el vino dejó de ser bebida y pasó a ser obsesión?
Yo no diría obsesión, pero empezó a interesarme muy joven, como a los 20 años, por las historias de personas que había detrás. Beber vino y saber apreciarlo me parecía algo pasional y romántico, y le dije al marido de mi hermana, muy aficionado, que quería que me gustase el vino. A partir de entonces, en las comidas y cenas familiares, siempre traía una botella para que yo pudiese probar. Se podría decir que él fue mi primer mentor. Después tuve otros.
¿Quién ha sido tu mayor influencia en este mundillo y qué te enseñó que no se aprende en los libros de vino?
En el mundillo del vino no he tenido una única influencia mayor que marque un antes y un después, pero sí personas clave que me han apoyado en mi formación y otras que me han iluminado el camino con su pasión y experiencias de vida.
Estas figuras me dieron alas prácticas: sumilleres y editores que me abrieron puertas a catas exclusivas, cursos de enología y primeros encargos periodísticos. Sin su fe en mi curiosidad innata, no habría pasado de lectora ávida a escritora activa.
Otros, como productores artesanales o bodegueros vitales que conocí en ferias y visitas, me enseñaron lo que no sale en libros: la resiliencia ante añadas perdidas, el instinto para leer un viñedo enfermo o la alegría de un mosto que "despierta" por azar.
Su entrega humana —catando hasta la madrugada, contando anécdotas de abuelos viticultores— me mostró que el vino es emoción compartida, no solo ciencia o comercio.
Si fueras un estilo de vino ¿Cuál serías y por qué?
Si fuera un estilo de vino, sería un vino volcánico. Concretamente un vino de La Gomera: fresco, salino, diferente; con esa mineralidad atlántica que sorprende por su pureza y elegancia.
Mi conexión con la isla va más allá del trabajo: colaboro en un proyecto pequeño y maravilloso que empezó como curiosidad periodística y se convirtió en forma de vida, absorbiendo su resiliencia, su carácter heroico, su calma silvestre y esa pasión isleña que destila autenticidad sin artificios.
La Gomera ahora es casa, refugio y familia. Y este proyecto vinícola mi reflejo: sutil pero profundo, natural y un poco salvaje, cercano y honesto, sin maquillajes.
Tu red flag vinícola es…
Quien presume de conocimientos, puntuaciones, precio, amistades, dejando el ego por encima del vino.
El exceso de ego revela inseguridad disfrazada de superioridad: en lugar de dejarse llevar por el terruño o la emoción del trago, convierte la cata en un podio personal, en competición en vez de puro disfrute.
El vino es para gozar, no para medir egos. Como periodista, huyo de esas charlas; el vino de verdad humilla al ego y une en la mesa. Yo busco mesas donde el trago une y divierte, sin postureo.
Elige una frase de La Maluska muy necesaria ( y dinos por qué )
Siempre me ha representado la de "
Si te dice champán francés, unfollow", porque es algo que la gente del vino repetimos siempre, y es un "cuñadismo" todavía muy extendido. Me gusta porque además todo el mundo la entiende, sea o no sea del mundillo.
Dime una leyenda urbana del vino que te encantaría que fuese verdad (o que ojalá desapareciera)
Me encantaría que fuera verdad la leyenda urbana de que quien llama "caldo" al vino está maldito y condenado a catar eternamente vinos calientes, oxidados y reducidos, sin redención, hasta que ese concepto se le vaya de la cabeza. Sigo sin entender de dónde viene esta expresión (y lo he investigado) y por qué está tan extendida. ¿Cuándo una camiseta de La Maluska?
Tu manía vinícola confesable. Ese ritual, toc o superstición que tienes aunque digas que no.
A veces (y sólo a veces) pongo un hielo en una copa de vino blanco o rosado joven; si hace mucho calor, estoy al aire libre y el vino no está a su temperatura. Y siempre (siempre) abro las botellas de espumoso haciendo ruido.
El descorche de la burbuja suena a fiesta y a felicidad.
Soy la genio de la lámpara wine edition y puedo concederte un deseo ahora mismo. ¿Qué pedirías?
Pediría que el consumo de vino se abriera de mente al fin: menos masculino, sin creencias limitantes como "tinto para hombres, blanco para mujeres", y fuera un placer inclusivo para todos. Que desaparecieran de una vez por todas esos falsos mitos que boicotean el disfrute del vino. El vino es fiesta compartida, no examen elitista.
Si tuvieras que quedarte ahora con un vino, ¿cuál sería?
Con Rajadero, por supuesto.
Foto de portada ©Abel Valdenebro
1 comentario
No me puede gustar más. Y ese forma de preguntar y de contestar tan vuestra, tan emocional es la que hace que apetezca no solo leer, si no qué coño, ponerte una copa de vino ahora!!!
Maravilloso, gracias.